
Este término significa en Afrikáans,
variante sudafricana del holandés, separación. Apareció oficialmente en
Sudáfrica en 1944 y sirve para designar la política de segregación racial y de
organización territorial aplicada de forma sistemática en África del Sur, un
estado multirracial, hasta 1990.
El objetivo del apartheid
era separar las razas en el terreno jurídico (Blancos, asiáticos, Mestizos o
Coloured, Bantúes o Negros), estableciendo una jerarquía en la que la raza
blanca dominaba al resto (Population Registration Act) y en el plano geográfico
mediante la creación forzada de territorios reservados: los Bantustanes (Group
Areas Act).
En 1959, con el Self
Government Act el apartheid alcanzó su plenitud cuando la población negra quedó
relegada a pequeños territorios marginales y autónomos y privada de la
ciudadanía sudafricana.
Hasta ese momento, Sudáfrica
con sus importantes riquezas mineras y su situación geoestratégica se había
alineado con el bloque occidental. Sin embargo, el sistema racista hizo que, en
un momento en que se desarrollaba la descolonización, las presiones de la
comunidad internacional se acrecentaran contra el gobierno de Pretoria.
En 1960 fue excluida de la
Commonwealth. En la ONU se planteó la demanda de sanciones. En 1972, Sudáfrica
quedó excluida de los Juegos Olímpicos de Múnich ante la amenaza de boicot
general de los países africanos. Finalmente en 1977, el régimen sudafricano fue
oficialmente condenado por la comunidad occidental y sometida a un embargo de
armas y material militar, y en 1985, el Consejo de Seguridad de la ONU llamó a
los estados miembros a adoptar sanciones económicas.
En todas estas condenas
internacionales hubo una cierta hipocresía. En el marco de la guerra fría el
régimen racista fue visto por Europa y los Estados Unidos como un muro de
contención a la expansión del comunismo en África. Moscú, por el contrario,
animó la lucha contra el apartheid armando a Angola y Mozambique, países cuyos
gobiernos pro-soviéticos se enfrentaban a guerrillas subvencionadas por
Occidente y apoyadas por Sudáfrica. En el marco de ese conflicto, el ejército
surafricano hizo diversas incursiones en el territorio de sus países vecinos.
El fin de la guerra fría
precipitó el fin del apartheid. El presidente Frédérik de Klerk, tras diversas
negociaciones con los representantes de las comunidades étnicas del país, puso
fin al régimen racista en junio de 1991. En adelante la población negra
recuperó sus derechos civiles y políticos.
El proceso culminó con la
llegada Nelson Mandela, mítico militante anti-apartheid que había pasado
veintisiete años en la cárcel, a la presidencia de la República de Sudáfrica.
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